Son muchas las personas que acuden a mí constantemente y no entienden como a pesar de hacer deporte no consiguen cambios corporales notables. Siempre les digo que la respuesta es sencilla, se trata de crear un superávit calórico en caso de querer subir de peso o un déficit en caso de querer perderlo.

Tan fácil y tan difícil a la vez porque no sólo consiste en comer más o menos, sino que lo más importante es que tipo de alimentos comer y en qué momentos hacerlo, siempre individualizando cada dieta en función de las particularidades de cada uno. Así pues todos comprendemos que la dieta de un celíaco, o la de un diabético o la de una persona que tenga problemas de obesidad, triglicéridos altos, enfermedad de crohn o alguien que tenga una hernia de hiato o simplemente tenga intolerancia a la lactosa, sólo por citar algunos ejemplos deben de ser distintas aún teniendo algún punto en común.

Siempre les digo a mis alumnos que para maximizar el cambio corporal la piedra angular debe de ser el entrenamiento, pero que una vez resuelto éste, el 70% o incluso más de la importancia, la tiene la nutrición. De ahí el dicho tan acertado “somos lo que comemos”.

Algunas personas me vienen “rebotadas” de clínicas o simplemente cansadas de seguir la dieta de turno sacada de internet. Tenéis que intentar huir como de la peste de cualquier dieta milagro que prometa resultados espectaculares en 2 días, pues lo único que harán será vaciaros los bolsillos.

El verdadero éxito de mis dietas está basado en la individualización de las mismas, pues todos comprendemos que cada persona tiene unas necesidades calóricas distintas en función de su actividad, metabolismo, edad, sexo u objetivos. Para ello es imprescindible tomar nota del historial médico del alumno para conocer sus posibles enfermedades, problemas, trastornos alimenticios, en caso de que los hubiera, así como de los hábitos de vida, horarios de trabajo, tipo de trabajo, actividad fuera del trabajo, etc.

Así y sólo así se puede calcular exactamente las calorías que una persona determinada necesita en función de sus objetivos consiguiendo ordenar sus comidas en función de su ritmo y hábitos de vida.

Otro factor diferenciador es que mis dietas van todas con sus alimentos pesados en gramos, a diferencia de otras dietas en la que te dan a elegir entre unos menús o simplemente te ponen los alimentos que tienes que comer. Es muy fácil comprender que el pollo es sano y recomendable en casi cualquier dieta, pero no es lo mismo comer 1 kg de pollo que 100 gr. Por eso la necesidad de pesar los alimentos, para no dejar nada al azar y conseguir máximos resultados.

Sería muy fácil para mí, como hacen algunos dietistas-nutricionistas, daros una dieta con unas pautas alimenticias a seguir, sin poneros cantidades ni horarios, ni tener en cuenta los diversos factores arriba citados, pero para que una dieta funcione correctamente y logréis deshaceros de la grasa corporal que es lo verdaderamente importante, debemos de tener en cuenta cada detalle.

Otro aspecto a tener en cuenta es la necesidad de cambiar la dieta periódicamente según cada individuo. Lo normal es cambiarla cada 4-8 semanas. ¿Por qué? Pues muy sencillo, os voy a poner un ejemplo muy gráfico. Si una persona pesa 100 kg., empieza a seguir una dieta y transcurridos 2 meses pesa 90 kg. a nadie se le escapa que sus necesidades calóricas son inferiores pues pesa 10 kg. menos. Además es aconsejable y muy recomendable cambiar los porcentajes de macronutrientes de dicha dieta para evitar que el organismo se adapte y pueda seguir mejorando. De lo contrario el metabolismo reaccionará relantizandose al máximo para hacer sus funciones vitales, con lo cual no conseguiremos bajar de peso ni eliminar grasa. Desgraciadamente por supervivencia nuestro metabolismo funciona así y es importante que podamos comprender su funcionamiento.